EL MADRID DE COMIENZOS DEL SIGLO 20.


EL MADRID DE COMIENZOS DEL SIGLO 20
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En 2012, Madrid, ubicada a 655 metros de altura sobre el nivel del mar en Alicante, y una de las capitales europeas a mayor altitud sobre el nivel del mar, es una enorme urbe con una población censada en 2011 de 3.273.049 personas, cuyo término municipal se extiende sobre 604,98 km2, perfectamente equiparable en vida social, cultural, de ocio, y con servicios similares a las que puedan ofrecer otras capitales del mundo más famosas como Londres, París, Berlín, Nueva York, Los Ángeles…etc.

Pero…¿Cómo era el Madrid que se encontró el Abuelo Tomás? Pues era muy diferente del Madrid que conocemos ahora. La Capital de España era la capital de un país económicamente muy atrasado, con más similitudes con las naciones del norte de África que respecto a los demás países europeos de su época. Era España un país eminentemente rural, y la capital de ese país era representativa de esa realidad.

El Madrid de principios del Siglo XX era una urbe con 614.322 habitantes en 1910, que aún en 1897 contaba con 542.739 habitantes, es decir, un crecimiento anual en esos 13 años de 5.507 personas cada año, cuyos límites eran, al norte, el inicio del Paseo de la Castellana, el sur con Delicias, al este con el Parque del Retiro, y al oeste con el Palacio Real, y con una extensión de su término municipal de 66 km2.


Tales límites no cambiarían hasta el periodo entre 1948-1954, en que pueblos independientes como Aravaca, Barajas, Canillas, Canillejas, Carabanchel Alto, Carabanchel Bajo, Chamartin de la Rosa, Fuencarral, Hortaleza, El Pardo, Vallecas, Vicálvaro, Villaverde, se verían obligados a unirse con Madrid por Decreto del Gobierno del Dictador, sin que los pueblos afectados pudieran alegar algo para evitarlo, dado que fue una iniciativa gubernamental, y el Dictador , en el zenit de su poder, no admitia objeciones, por lo que se  amplió su término municipal hasta los más de 600 Km2 posteriores, y sumando en total más de 300.000 nuevos habitantes.



Como a Tomás le gustaba la vida nocturna (pues no en vano formaba parte de la “claqué” de los teatros de la ciudad. La claque era un grupo organizado de personas para ayudar al éxito de las obras teatrales. Se organizaba la Claque a través de agencias en las que se inscribían los claqueros. Los gerentes de los teatros contrataban a través de las agencias los claqueros que necesitaban.

La claqué se organizaba a través de un Jefe de Claque, encargado de coordinar a los claqueros durante el desarrollo de la obra.
Luego, estaban los Comisarios, quienes se ocupaban de aprenderse la obra y señalar los puntos clave de la obra.
También, existían los Llorones, quienes solían ser mujeres en su mayoría y que fingían llorar y emocionarse con secciones de la obra.
También existía otro grupo llamados los Cosquilleadores, encargados de mantener el buen humor del público durante la obra.
A estos se añadían los Reidores, quienes estaban encargados de reírse con estruendo en los pasajes con las mejores bromas.
Y luego, finalmente, estaban los Biseros, que eran los encargados de pedir bises de partes de la obra teatral.
Los teatros eran, en aquel entonces, lo más parecido a una vida nocturna que se podía encontrar uno en Madrid. Algunos de los teatros que entonces existían en Madrid eran:

Apolo,
De la Comedia,
Cómico,
Eslava,
Español,
Ideal,
Lara,
Martin,
Novedades,
Princesa,
Real,
de la Zarzuela…

Algunos de los cuales aún existen, sean como teatros, sea como salas cinematográficas.
Se completaría con los cafés (literarios, cantantes…) que cumplían una función esencial de debate e intercambio de ideas a través de las tertulias. Algunos de esos cafés son:


Café de Levante,
Café de Fornos,
La Granja de Hierro,
Café Nacional,
Café de Madrid,
Café de Pombo,
Horchatería Candela,
Café Suizo,
Café de La Montaña…
y un largo etcétera cuya enumeración sería larga.

Aún faltaría casi una década para que dieran comienzo las obras de lo que luego sería la Gran Vía, que conectaría en línea recta los barrios de Arguelles y Salamanca a través del centro de la ciudad, obra que llevaba ya varios años planteándose, y que dio origen a una zarzuela, “La Gran Vía”, en cuya Introducción se cantaba este párrafo, indicando la no necesidad de una Gran Vía:

…Para una Gran Vía no habrá personal.
Van a la Calle de la Bola
Embusteros a granel,
Y a la del Oso van los novios
Y otros muchos que yo sé.
Van a la calle de Peligros
Los que oprimen el país,
Y a la del Sordo va el Gobierno
Que no quiere oír.
Los que la tienen por el mango
Buscan la de la Sartén,
Y los que viven escamados,
Que son muchos, la del Pez.
A la Plazuela del Progreso
Mucha gente ya se va,
Y el pueblo honrado
Va a la calle de la Libertad

Un Madrid que se parece bien poco al que vivimos ahora, pero que, recorriendo sus calles más antigüas, si estamos atentos, aún podemos encontrar vivo, y cuya personalidad y carácter no ha cambiado. 

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